MI HIJO SE ESTÁ AUTOLESIONANDO

Enterarte de que tu hijo se está haciendo daño puede ser muy difícil.

Enterarte de que tu hijo se está haciendo daño puede ser muy fuerte. Puede que lo primero que hayas sentido haya sido miedo, rabia o culpa. Quizás empezaste a preguntarte cómo no te diste cuenta antes, si hiciste algo mal o qué tan grave es realmente lo que está pasando. Y, entre todas esas preguntas, probablemente hay una que aparece una y otra vez: ¿qué hago ahora?
Cuando descubrimos una autolesión es normal que nuestra atención se vaya inmediatamente a la herida. Queremos que pare, que no vuelva a suceder y quitar cualquier cosa con la que pueda hacerse daño. Lo entiendo. Pero, además de ocuparnos de su seguridad, necesitamos mirar un poco más allá y preguntarnos ¿qué está intentando manejar mi hijo cuando se hace daño?.

Las autolesiones pueden aparecer por diferentes razones. Para algunos adolescentes son una manera de disminuir una emoción que sienten demasiado intensa; para otros, una forma de expresar rabia, frustración o dolor, escapar por un momento de lo que están sintiendo o recuperar cierta sensación de control. Por eso la pregunta no debería ser solamente “¿cómo hago para que deje de hacerlo?”, sino también “¿qué le está pasando para que haya necesitado recurrir a esto?”. También es importante aclarar algo que preocupa muchísimo a los padres… ¡autolesionarse no significa necesariamente querer morir!. Una persona puede hacerse daño sin tener intención suicida. Sin embargo, esto no significa que debamos restarle importancia o asumir que no existe riesgo. Si tu hijo se está autolesionando, es importante buscar ayuda profesional para entender qué está pasando, valorar su estado emocional y su seguridad y decidir qué apoyo necesita. Y si habla de morir o de suicidio, debemos tomarlo siempre en serio.

Una de las preguntas que más aparece es “¿cómo hablo con él/ella sin empeorar las cosas?”. Quizás no sabes si preguntarle directamente, esperar a que él te cuente o qué palabras utilizar. La buena noticia es que no necesitas tener preparada la conversación perfecta. Lo importante es intentar crear una conversación segura en la que tu hijo sienta que puede hablar contigo sin ser juzgado. Busca un momento tranquilo y trata de no empezar desde el regaño o con veinte preguntas seguidas (aunque se que las tienes). Puedes comenzar preguntándole cómo se ha sentido últimamente o si hay algo que le esté costando mucho manejar. Y después escucha. Más que encontrar inmediatamente una solución, intenta transmitirle algo como: “Quiero entenderte”, “no estoy aquí para juzgarte” o “no tienes que manejar esto tú solo”. Y aquí aparece otra parte fundamental, decir “no vuelvas a hacerlo” probablemente no sea suficiente. Si hacerse daño le está ayudando, aunque sea momentáneamente, a manejar una emoción muy intensa, necesitamos ayudarle a encontrar otras formas de atravesar ese momento. Caminar, escribir, hacer alguna actividad creativa, escuchar música, hacer ejercicio, cambiar de espacio, contactar con alguien o realizar actividades de autocuidado pueden ser algunas posibilidades. Pero no queremos simplemente entregarle una lista enorme de cosas para hacer. Queremos descubrir cuáles funcionan para tu hijo/hija.

Por último, hay alguien de quien no podemos olvidarnos en todo esto: tú. Acompañar a un hijo que se autolesiona también puede ser muy difícil para sus padres. Puedes sentir miedo, rabia, tristeza, impotencia o culpa. No necesitas reaccionar perfectamente y tampoco necesitas convertirte en el psicólogo de tu hijo. Tu trabajo sigue siendo ser su mamá o su papá, estar disponible, escuchar, poner límites, cuidar su seguridad, pedir ayuda cuando sea necesario y seguir construyendo una relación en la que pueda acercarse a ti cuando las cosas se pongan difíciles. Porque el objetivo no es conseguir que tu hijo nunca vuelva a sentirse triste, frustrado, angustiado o desbordado. El objetivo es ayudarle a descubrir que existen otras formas de atravesar esos momentos y que no tiene que hacerlo solo.

En Crear en Mí acompañamos a niños, adolescentes y sus familias a entender qué hay detrás de lo que están viviendo, desarrollar herramientas para manejar emociones difíciles y construir formas más seguras de afrontar el malestar. No tienes que saber exactamente qué está pasando para pedir ayuda. A veces, ese es precisamente el lugar desde el que empezamos.

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *